En algunos lugares del mundo, incluyendo a Colombia, se notan alentadores síntomas de regreso a lo que conocíamos como la normalidad, después de la haberse declarado el Covid-19 como Pandemia.

Durante cinco largos meses hemos estado bajo el yugo de la denominada cuarentena preventiva obligatoria que, a todos, nos tomó por sorpresa y nos obligó a cambios inmediatos que, al parecer, llegaron para quedarse.

El servicio individual de transporte de pasajeros, es decir, el de los taxis, quedó sumido en un mundo de incertidumbre y asombro por la manera en que se vio obligado a asumir esta pandemia.

Por lo que representamos dentro de la sociedad, la actividad que cumplimos es esencial para el funcionamiento comunitario. En cualquier época tenemos que estar disponibles para actuar, para movilizar pasajeros en ciudades con poco movimiento de las personas, pero, al mismo tiempo, estar disponibles 24 horas al día los 7 de la semana para desplazarnos a los sitios que requerimos como realizar las compras de mercado, la visitas rigurosas centro comercial, empresas que requieren su personal de manera presencial, servidores de la salud que lucharon y siguen luchando por aliviar las consecuencias de los contagios.

No es fácil para cualquier persona, un conductor de taxi, por ejemplo, saber que debe estar disponible, sin saber para qué y para quién.

No es fácil saber que está trabajando honestamente pero que no encuentra la remuneración adecuada para su esfuerzo, porque lo que recibe es inferior a lo que demandan sus gastos personales y los de su hogar.

No ha sido fácil para las empresas mantener sus nóminas y atender todas sus obligaciones normales cuando las fuentes de ingreso son muy inferiores a las de una vida sin contratiempos.

A esos conductores, a esos señores taxistas de tiempo completo y disponibilidad sin límites, debemos rendir el homenaje que se merecen. También han sido héroes en medio de la

También han sido héroes en medio de la pandemia; también han puesto su grano de arena en la lucha contra el misterio virus.

Con sus familias tuvieron que adaptarse a circunstancias adversas, pero en ellas encontraron igualmente el significado de la unidad, de más cercanía, más motivos para valorar lo que significa el calor hogareño y tal vez de más oración.

Ahora que nos estamos acostumbrando a vivir normalmente en medio de la anormalidad, es el momento para mostrar lo mejor de nosotros mismos; es la hora para acatar mínimas normas de comportamiento social e individual. Tenemos que leer, respetar y aceptar las palabras solidaridad y apoyo como algo que nos compete y que debemos poner en práctica sin vacilaciones, con el corazón.

Debemos reflexionar en lo frágiles que somos, en que no dependemos de nuestra fuerza bruta, ni de los inmensos conocimientos, ni de elementos extraños, porque algo que no podemos ver y que llega de repente, nos indica que sólo un Dios de infinito amor y poder puede acudir en nuestra ayuda.

Retomemos la vida con más energía, con mayor entusiasmo, con alegría intensa. Alabemos cada amanecer, cada gesto, cada sonrisa. Utilicemos nuestro tiempo en construir sin dejar espacio al pesimismo.

Esta dura lección de la pandemia nos debe volver más humanos, más hermanos, más amigos. Esa tiene que ser consigna permanente.

Cordial abrazo para todos.